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Un jefe que no toma decisiones no es tal. Sería análogo a decir que un ordenador no procesa o que hay una montaña sin laderas. O es como un hijo que no pide o un teléfono que no suena.
"Si eres mi jefe, deberás decirme qué vamos a hacer. No esperaras que lo haga yo. ¿Quién va a hacerme caso, si yo no soy el jefe?".
El jefe que no manda, que no decide es un estorbo. ¿Para qué queremos una novia que no besa, un cantante que no canta, un bolígrafo que no pinta?
El jefe que no manda hace que su equipo se sienta inseguro. ¿Hacia dónde vamos, qué es lo que debemos hacer? se preguntan, desesperanzados porque perder el rumbo es cosa mala cuando se está de viaje. No es muy apetecible ver como hay otros barcos con un capitán al frente, mientras el nuestro va a la deriva y pasan las horas, los días e incluso los años y sigo viniendo porque pagan a final de mes. ¿Hay alguien que quiera decirme a dónde vamos?
El jefe que no decide es jefe porque lo dice su tarjeta, pero en realidad no sabe ni quiere ser jefe. Eso sí, quiere el sueldo del jefe, que mola mucho más que el del empleado.