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Esta información salió publicada en el periódico El País:
Terence Mitchell y William Felps, de la escuela de negocios de la Universidad de Washington, en Seattle, han publicado en la revista Research in Organizational Behavior un estudio que confirma que basta con que haya "una mala manzana" entre un grupo de trabajadores "para echar a perder el resto del barril", es decir, dañar el ambiente en la compañía.
La actitud negativa de un individuo puede prevalecer sobre el comportamiento positivo del grupo. Y el problema se agrava en función de la veteranía y del puesto del empleado en cuestión.
La capacidad del jefe para detectar y eliminar a estos empleados o directivos perjudiciales debería ser una de sus inexcusables virtudes. Pero muchos jefes no lo hacen y cometen, por esa omisión, este pecado capital.
Aunque la reseña del periódico El País habla sólo de malas manzanas y por lo tanto hay una carga peyorativa en esa calificación, creo que muchos casos en los que "la cosa no funciona" es consecuencia de que las personas no necesariamente encajamos bien en todos los sitios, como no hacemos amistad o pareja con todas los individuos con los que nos vamos encontrando por la vida.
La mayoría de los humanos, excepción hecha de aquellos que por su maldad y comportamiento les hace imposible aportar positivamente a ningún tipo de sociedad, podemos desarrollar con normalidad muchos trabajos en diferentes organizaciones, la cuestión es evitar a aquellas en las que por la razón que sea no sean útiles para nosotros y el empleado para ellas.