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Supongamos que Vd. no es jefe y que trabaja. Es muy probable que Vd. tenga un jefe.
Y como Vd. tiene un jefe es más que posible que Vd. sea muy educado con su jefe, incluso que le ponga la buena cara que no les pone a su cónyuge y a sus hijos cuando llega a casa.
Ahora imaginemos que a Vd. le hacen jefe. Tiene Vd. un despacho, su secretaria y quince empleados a los que dirigir. Tiene Vd. quince personas que dependen (qué horrible y patética palabra) de su persona. Todos ellos fueron compañeros suyos hasta ayer, hoy pasaron a ser "empleados" suyos.
Y Vd. piensa que ya nada será igual. Si todo fuera igual que antes, quizás Vd. no mereciera el respeto de sus subordinados. Debe hacerles entender que no será igual, aunque ellos quizás ya lo sepan.
Quizás no todo pueda ser exactamente igual que antes, pero tampoco tan diferente. Probablemente sea una cuestión de comunicar sinceramente y hacer saber lo que es obvio: "ahora tengo la misión de decidir y mandar" y lo que no pudiera parecer tan obvio, pero que a menudo se olvida de decir: "sé de lo que nos hemos quejado como compañeros. Mi misión será solucionarlo y si soy incapaz de hacerlo o tengo una visión de la situación diferente a la de antes, os comunicaré cuáles son los factores que me imposibilitan y dificultan mi propósito o os comunicaré porque veo ahora las cosas de forma diferente".